
Cómo pensar los números más allá de los números.
Por Glosa
Hace unos días, circuló en distintos portales web de la provincia la noticia de que las exportaciones entrerrianas se habían incrementado un 30% en 2025. El título llama la atención, parece positivo, genera alguna esperanza en un contexto de malaria creciente en amplios sectores de la ciudadanía. Lo cierto es que el desempeño del sector externo en Entre Ríos en el bienio 2024-2025 presenta una dicotomía técnica de interés para el análisis económico: mientras los indicadores de volumen y valor muestran una recuperación cuantitativa vigorosa, la estructura productiva subyacente continúa evidenciando signos de "primarización" y una incapacidad histórica para transitar hacia lo que se da en llamar un cambio estructural virtuoso.
El contexto político y económico nacional, con apertura indiscriminada de importaciones, aceleran esa primarización y borran las perspectivas, utópicas a estas alturas, de algún tipo de industrialización en la provincia a futuro.
Para comprender la realidad entrerriana, es imperativo distinguir entre el mero crecimiento de las exportaciones y el desarrollo económico basado en un cambio estructural. Un artículo publicado en 2024 en una revista de la UBA por los entrerrianos Leandro Rodríguez, Yamila Bevilacqua y Rocio Arce, en donde se realiza un análisis económico de nuestra provincia, nos puede servir de base para pensar este incordio. Para estos autores, un cambio estructural virtuoso se da cuando los recursos y trabajadores se trasladan de un sector a otro, especialmente hacia aquellos sectores que pueden aprovechar mejor las nuevas tecnologías y aumentar la productividad. Esto termina modificando qué se produce y qué se consume en la economía.
Rodriguez, Bevilaqcua y Arce analizaron el largo plazo en Entre Ríos (1980-2010), revelando que, si bien el agro aumentó su productividad, la mano de obra desplazada no fue absorbida por sectores de alta complejidad, sino por servicios de baja productividad, lo que resultó en una contribución negativa del cambio estructural al crecimiento agregado. Este fenómeno explica por qué, a pesar de los picos exportadores, la provincia mantiene un rezago estructural frente a sus pares de la Región Centro.
Los datos recientes confirman una tendencia de recuperación tras los mínimos registrados en años previos. En 2024, las ventas al exterior alcanzaron los 1.424 millones de dólares, lo que representó un incremento interanual del 27,7% (309 millones de dólares adicionales).
En 2025, los informes preliminares indican que el crecimiento se aceleró, situándose cerca del 30% anual. Los cereales representan el 44% del total, con un crecimiento del 63% en 2024. En tanto las carnes participan con un 21%, tras un aumento del 8%. Las manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) representan el 7%, con una variación positiva del 57%. En tanto que los sectores en retroceso fueron los productos químicos (-18%) y semillas/frutos oleaginosos (-13%).
A pesar de que Entre Ríos presentó en 2024 un ritmo de crecimiento superior al de Córdoba (20,1%) y Santa Fe (26,8%), la brecha en términos absolutos y de valor agregado sigue siendo profunda. Nuestra provincia registra 992 dólares por habitante, una cifra significativamente inferior a los 2.552 dólares de Córdoba y los 4.044 dólares de Santa Fe. Además, la provincia se encuentra entre las jurisdicciones con menor valor por tonelada exportada debido a la falta de valor agregado y la mencionada primarización de la oferta.
El análisis de corto y mediano plazo sugiere que el crecimiento basado exclusivamente en commodities es vulnerable a variables exógenas incontrolables, como el clima y los precios internacionales. A esto se suma el reciente acuerdo con Estados Unidos, con foco en dichos commodities, en un contexto de crecientes tensiones bélicas generadas por ese mismo país del norte.
En una entrevista reciente, Alfredo Calabrese, director del Instituto de Estudios Económicos del Consejo Empresario de Entre Ríos y vicepresidente de la Bolsa de Comercio de Entre Ríos, haciendo foco en esta problemática, postulaba que para revertir esta fragilidad, debía consensuarse un plan de desarrollo estratégico enfocado en pilares como la industria del conocimiento, fomentando la exportación de software y servicios profesionales, sectores que en Entre Ríos aún tienen una participación mínima, pero cuentan con talento local. Por otro lado, potenciando el turismo internacional, como una vía alternativa de ingreso de divisas y generación de empleo genuino.
Calabrese también soslayaba un factor que Rodriguez, Bevilaqcua y Arce ponían en números en su artículo. La llamada “complejidad tecnológica” permite observar que, en nuestra provincia, sólo el 4,9% de la fuerza laboral registrada se desempeña en actividades de alta o media-alta intensidad tecnológica, frente al 12,9% en el resto de la Región Centro. En esa línea, el desafío a mediano plazo es incentivar la inversión en estos núcleos para generar un efecto de derrame en la productividad media provincial.
Todos los análisis ponen la lupa sobre la articulación Público-Privada, es decir, superar la carencia de consensos históricos para diseñar planes de desarrollo que trasciendan los ciclos políticos y permitan la atracción de inversiones de capital intensivo.
Para terminar, es bueno decirlo, el incremento del 30% en las exportaciones de 2025 es una noticia positiva en términos de liquidez y divisas para la provincia. Sin embargo, desde una perspectiva de largo plazo, este crecimiento no debe confundirse con un proceso de desarrollo sostenible, mientras la estructura productiva no logre migrar hacia sectores de mayor sofisticación y valor agregado.
Fotografía: Municipalidad de Paraná