
El encarecimiento del asado impulsa la preferencia por pollo y cerdo, consolidando una dieta más diversificada en la provincia.
Por Glosa
Un informe técnico elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Consejo Empresario de Entre Ríos (CEER) ofrece una radiografía detallada de la cadena de valor cárnica en la provincia. El documento permite comprender no solo el estado de situación productivo, sino también la reconfiguración de la canasta alimentaria regional.
En primer lugar, se subraya el peso estratégico de Entre Ríos en el esquema nacional, particularmente en el sector avícola, donde concentra cerca del 50% de la faena y más del 60% de las granjas de pollo parrillero del país.
En el informe, el análisis de precios al consumidor se realiza ajustando los valores por inflación a precios de 2025. Esto permite observar la evolución real del poder de compra y evitar las distorsiones propias de la nominalidad económica en contextos inflacionarios.
El reporte demuestra solvencia técnica al distinguir que, en producciones de ciclo corto (aviar y porcina), la faena es un excelente proxy del nivel de producción por su rápida rotación, a diferencia del ciclo bovino, que depende de variables más complejas como el stock y la tasa de extracción.
El CEER reconoce además una limitación metodológica importante: la falta de estadísticas provinciales desagregadas. Esta instancia lleva a asumir que el patrón de consumo de Entre Ríos replica exactamente el promedio nacional (aprox. 116 kg por habitante al año).
Como el mismo documento advierte, ser una provincia líder en producción aviar podría inducir a que el consumo real de pollo en Entre Ríos sea superior al promedio nacional debido a la cercanía y menores costos logísticos, un factor que el modelo actual no llega a capturar. Al basarse en la población proyectada por el INDEC para 2025, las cifras de consumo total están sujetas a la precisión de dichas estimaciones demográficas.
El dato más significativo es el encarecimiento relativo de la carne vacuna frente a sus competidoras. En diciembre de 2025, el kilo de asado se encareció un 18% real interanual, mientras que el pechito de cerdo y el pollo bajaron un 12% y 13% respectivamente. Esto consolida una tendencia hacia una dieta más diversificada, donde el pollo y el cerdo actúan como sostén del consumo de proteína animal.
En ese sentido, es notable el crecimiento sostenido de la faena porcina, que alcanzó un máximo de 412 mil cabezas en 2025, marcando una tendencia ascendente que contrasta con la volatilidad del sector bovino.
Resulta impactante también la relación de precios en el mostrador: a fines de 2025, con lo que costaba 1 kg de asado, un consumidor podía adquirir 3,9 kg de pollo o 1,8 kg de cerdo.
La actividad ganadera y de faena muestra polos muy marcados. Mientras Gualeguaychú lidera las existencias bovinas (9% del total provincial), Paraná concentra el 20% de los porcinos, y la faena avícola se atrinchera en Concepción del Uruguay, Colón y Paraná.
A pesar de que el asado es notablemente más caro, la brecha de consumo respecto a la carne porcina (aunque se viene cerrando, pasando de 3,1 kg a 2,5 kg de vaca por cada kilo de cerdo) sigue demostrando una fuerte preferencia cultural por el bovino.
Es fundamental seguir monitoreando la categoría de "madres" (cerdas) en el sector porcino, que registró una caída del 3% anual pese al aumento de la faena total. Esto podría ser una señal de alerta temprana sobre la capacidad de reposición del stock en el futuro cercano. Asimismo, la volatilidad de la faena bovina, que tras caer un 14% en 2024 recuperó un 6% en 2025, sugiere un sector aún sensible a los ciclos económicos y de vacunación.
En conclusión, los datos revelan que el encarecimiento de la carne vacuna ha provocado una transformación en la dieta de los hogares, fomentando la sustitución de proteínas por opciones más económicas como el pollo y el cerdo. Esto implica, en concreto, una transición hacia una matriz de consumo diversificada, donde el factor precio resulta determinante en la elección alimentaria regional. Las consecuencias para la salud, positivas o negativas, se verán más adelante.
Fotografía: AgroNoa